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Madrid, a la cola de las capitales europeas en eficiencia en el transporte urbano de mercancías, según Geotab

El nuevo índice de la empresa de soluciones de vehículos conectados revela una importante brecha de rendimiento entre las principales capitales europeas.

Publicado: 13/05/2026 ·16:53
Actualizado: 13/05/2026 · 16:54
  • Londres y Madrid son, de las siete ciudades europeas analizadas, las que peor puntuación tiene en el índice de Geotab.

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Geotab, empresa de soluciones de vehículos conectados y gestión de activos, ha publicado su primer índice de eficiencia de transporte urbano de mercancías en Europa bajo el nombre de El coste de quedarse parado, que revela una brecha de rendimiento del 144% entre las principales ciudades europeas, con Berlín liderando el ranking de eficiencia logística entre siete capitales europeas y Madrid en último lugar.

Berlín lidera el índice con una puntuación de 61 sobre 100, donde el tráfico sigue siendo manejable y, sobre todo, predecible. En el otro extremo, Madrid ocupa la última posición con una puntuación de 25, generando una brecha de eficiencia del 144 % entre las ciudades con mejor y peor rendimiento. Una diferencia notable que se traduce directamente en más tiempo perdido, mayor consumo de combustible y mayores costes operativos.

Ámsterdam (con 59 puntos) se sitúa justo por detrás de Berlín, alcanzando niveles de eficiencia muy similares. Dublín (49) y Roma (48) forman un grupo intermedio relativamente funcional, mientras que París (37), Londres (29) y Madrid se encuentran en una categoría donde el propio sistema empieza a jugar en contra de las flotas.

Madrid no registra franjas horarias libres de congestión en ningún momento del día operativo y, además, presenta uno de los niveles más bajos de previsibilidad en los tiempos de trayecto del estudio. Esto significa que, a diferencia de otras ciudades donde la congestión se concentra en horas punta y permite planificar entregas en ventanas de menor tráfico, en Madrid no existe ese margen: la saturación se extiende de forma ininterrumpida durante toda la jornada operativa. Las condiciones van más allá de una simple congestión elevada: cambian de forma impredecible de un día para otro, dificultando enormemente la planificación. En la práctica, un trayecto que hoy dura 20 minutos puede duplicarse mañana sin razón aparente (sin incidentes, sin obras, sin eventos), lo que obliga a los conductores a absorber ese margen de incertidumbre improvisando sobre la marcha y a los gestores a sobredimensionar los tiempos de entrega de forma sistemática. Para los operadores de flotas en España, esto descarta por completo los modelos de planificación rígidos. La optimización dinámica de rutas y la asignación en tiempo real se convierten en herramientas imprescindibles y en el mejor punto de partida para mejorar la eficiencia.

Las carreteras condicionan el rendimiento

Lo que revela el índice de Geotab es un cambio en la forma de entender la eficiencia logística urbana, alejándose de la congestión diaria y centrando la atención en la infraestructura que determina cómo se mueven las ciudades.

En Berlín, una estructura urbana policéntrica distribuye el tráfico a través de múltiples rutas, creando una red fluida que se mantiene estable durante todo el día. En Ámsterdam, el diseño compacto y la optimización semafórica permiten que los vehículos sigan avanzando, aunque sea a baja velocidad, en lugar de quedar atrapados en colas.

Pero la infraestructura es solo una parte de la ecuación. La forma en que las flotas planifican, programan y se adaptan a la red en la que operan resulta igual de determinante. Ciudades como Londres, París y Madrid demuestran que el verdadero problema no es únicamente la congestión, sino la imprevisibilidad. Y para las flotas, esa imprevisibilidad genera lo que los datos de Geotab identifican como una “tasa estructural”: tiempos extra de margen, ventanas de entrega incumplidas y pérdidas de eficiencia que no pueden resolverse únicamente con formación a conductores u optimización de rutas.

A un nivel más profundo, y quizá contraintuitivo, las ciudades lentas también pueden ser eficientes, siempre que sigan moviéndose. Roma, por ejemplo, combina elevados niveles de congestión con uno de los niveles más bajos de ralentí del estudio, ya que el tráfico avanza de forma continua en lugar de hacerlo mediante constantes frenadas y arranques. Londres, en cambio, representa el escenario opuesto: las continuas paradas y aceleraciones generan ineficiencia, desperdicio de combustible y mayores emisiones.

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