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La evolución del transporte obliga a repensar su modelo formativo

"La renovación del CAP se ha convertido en un trámite burocrático difícil de encajar en la vida laboral de un conductor profesional, alejado de sus necesidades reales", opina en este artículo Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutivo de la patronal Astic.

Publicado: 12/05/2026 ·17:15
Actualizado: 12/05/2026 · 17:16
  • Valdivia pide que se mantenga la modalidad online del CAP, como durante la pandemia.

Los conductores profesionales de mercancías, por decisión de Bruselas, han de sentarse en un aula para renovar, durante 35 horas, la formación CAP cada cinco años. Sobre el papel podría parecer razonable: hay que actualizar conocimientos, reforzar la seguridad vial y prepararse para afrontar los nuevos desafíos del transporte. Pero como tantas veces sucede, la realidad dista mucho de las teorías que maneja el regulador europeo. Para una gran parte de los profesionales, esta formación ha terminado convirtiéndose en un trámite burocrático difícil de encajar en su vida laboral, alejado de sus necesidades reales y desconectado de la transformación tecnológica que ya vive el transporte. Para las empresas, por las mismas razones, se reduce a un coste adicional que se les ha impuesto y que apenas tiene retorno, eso cuando no es directamente una espoleta para aumentar la conflictividad laboral.

La formación continua en nuestros días parece algo inevitable casi en cualquier profesión, también por supuesto en la de conductor. El problema son los contenidos que ofrece este CAP quinquenal y también el modo en que se imparte. Buena parte continúa anclada en esquemas formativos diseñados hace dos décadas, mientras el sector evoluciona a una velocidad vertiginosa. Aunque la normativa contempla algunas horas de simulación o conducción efectiva, la formación sigue siendo eminentemente teórica. Y eso supone una contradicción evidente en una profesión donde la capacidad de anticipación, la toma de decisiones y la experiencia práctica son elementos esenciales para la seguridad y la eficiencia.

En ese aspecto "práctico", una de las carencias más llamativas es la escasa atención que se presta a la estiba y sujeción de cargas, pese a tratarse de uno de los principales factores de riesgo en el transporte de mercancías. Del mismo modo, resulta preocupante la limitada presencia de contenidos relacionados con las nuevas tecnologías. Los vehículos industriales incorporan ya sistemas ADAS cada vez más sofisticados y, sin embargo, el CAP apenas profundiza en su funcionamiento y utilización práctica.

Miles de conductores se ven obligados a realizar esas 35 horas presenciales del CAP durante fines de semana o días de descanso, sacrificando tiempo personal y familiar para cumplir una exigencia administrativa"

La desconexión con la realidad del sector se hace todavía más evidente si observamos el avance imparable de la digitalización. El e-CMR, la firma electrónica, las plataformas de gestión de flotas, la trazabilidad en tiempo real o los sistemas inteligentes de control documental forman ya parte del día a día de muchas empresas de transporte. Sin embargo, estas herramientas apenas aparecen en los programas formativos.

A ello se suma un formato rígido que choca frontalmente con la realidad diaria del transporte por carretera. Miles de conductores con sus extensas jornadas y la estricta regulación de los tiempos de descanso, se ven obligados, si no quieren perder su habilitación oficial, a realizar esas 35 horas presenciales del CAP durante fines de semana o días de descanso, sacrificando tiempo personal y familiar para cumplir una exigencia administrativa.

Desde nuestra asociación llevamos tiempo reclamando que se mantenga la modalidad online –teleformación y aula virtual–, permitida temporalmente durante la pandemia. No se trata de una excepción improvisada, sino de un modelo plenamente validado y respaldado por la normativa europea, que desde hace ocho años contempla el uso de herramientas digitales en la formación de conductores profesionales. La teleformación aporta ventajas incuestionables como una mayor flexibilidad horaria, acceso a los contenidos desde cualquier lugar y dispositivo, posibilidad de impartir cursos en lengua materna y una mejor conciliación entre la vida laboral y personal de los profesionales del transporte.

Resulta difícil comprender que otras formaciones oficiales relacionadas con la conducción –como la obtención del permiso de conducir o los cursos de recuperación de puntos– hayan incorporado ya modalidades digitales y sistemas de aula virtual, mientras el CAP continúa sujeto a esquemas presenciales rígidos y poco compatibles con la realidad diaria de los conductores.

La modernización del CAP ya no puede entenderse como una mera reforma administrativa o un ajuste técnico del sistema formativo. Se trata de una apuesta decisiva para garantizar la competitividad del transporte terrestre de mercancías, reforzar la seguridad vial y preparar al sector para los profundos cambios tecnológicos y logísticos que definirán las próximas décadas. En un país cuya economía depende de forma directa de la eficiencia del transporte por carretera, mantener un CAP desfasado y alejado de la realidad del transporte no es solo un error, es una irresponsabilidad estratégica.

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