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| Familia y negocios. La caja de la empresa | -

Por Pablo Laguna Jerónimo, asesor económico financiero de empresas.

Familia y negocios. La caja de la empresa
Familia y negocios. La caja de la empresa

“Tu padre nunca dejaba que se hablara de negocios en la mesa”. Esta es una de las muchas frases célebres que se pueden oír en la película “El Padrino II”, para mí una obra de arte (y mira que la primera era ya buenísima). Carmella Corleone quiso recordar a sus hijos una de las premisas fundamentales: no mezclemos el deber con el comer.

Podríamos traer aquí otros muchos ejemplos y refranes. Yo quiero señalar que una de las premisas fundamentales para gestionar bien un negocio o empresa es controlar su relación e interacción con los aspectos personales y familiares. Lo he dicho de modo muy general, y digo “controlar”, no digo que esas relaciones no puedan existir. Intentaré explicarme algo mejor a continuación.

En primer lugar, todo lo que se dice en este artículo es aplicable a un tipo de empresa familiar, es decir, aquellos casos en los que el capital está suscrito por miembros de una misma familia o amigos, incluyendo cuando es unipersonal. En resumen, aplicable a los casos en los que la actividad cotidiana y la gestión de la empresa es llevada a cabo directamente por personas que detentan el capital o muy ligadas a las mismas, normalmente por parentesco. En algunos casos estas empresas mueven cifras que las convierten en grandes empresas.

¿Cuáles son las malas prácticas y “vicios” que podríamos traer aquí para prescribir su eliminación? La primera y fundamental sería la “confusión” de la caja, es decir, no tener una separación total y estricta entre el dinero particular y el dinero de la empresa

La dejadez, la inercia, el intento de “quedar siempre bien” por parte del dueño, así como la falta de definición exacta y claramente identificada de las relaciones entre empresa y socios (incluyendo sus familias y amigos) puede llevar a la ruina del negocio, mucho más si llega el momento de un relevo generacional, lo cual añade más entropía al asunto.

PROTOCOLO FAMILIAR

Las relaciones citadas entre negocio y familia deberían conformar un ecosistema emprendedor en el que los cargos, las retribuciones y las funciones estuvieran claros y fuesen respetados. Esto merece por sí mismo otro capítulo que puede desembocar en la elaboración y puesta en marcha del llamado “protocolo familiar”, en ocasiones muy aconsejable.

¿Cuáles son las malas prácticas y “vicios” que podríamos traer aquí para prescribir su eliminación? La primera y fundamental sería la “confusión” de la caja, es decir, no tener una separación total y estricta entre el dinero particular y el dinero de la empresa. No hablo de robos o apropiaciones indebidas, no me estoy refiriendo a malas intenciones, sino simplemente de coger dinero, con buena voluntad, porque realmente hay liquidez y decir aquello de “ya lo repondré” o “a cuenta de lo mío”.

Otra manera indirecta de coger dinero es sencillamente “endosar” a la empresa gastos que son claramente familiares o personales -por ejemplo, el colegio de los niños, o simplemente la compra en el Carrefour-. Esto puede llevar a la pérdida de trazabilidad de las operaciones, así como a pensamientos dudosos por parte de otros socios. Y todo ello, aunque sean operaciones que se suelen realizar con carácter provisional (“ya lo regularizaré”), olvidando después lo que se hizo, generando problemas con conciliaciones bancarias, etc.

Los dueños de una empresa, que conste mi opinión, pueden hacer lo que le dé la gana, siempre y cuando no vulneren la legalidad, estaría bueno. Lo que aconsejo es que lo hagan bien, o sea, que se fijen además normas internas, más allá de las del ordenamiento jurídico, para llevar a cabo la integración de la familia, socios y amigos en la gestión de la empresa. Por ejemplo, si existe un exceso de liquidez y la situación empresarial lo permite, un socio puede coger ese dinero, pero siempre bajo un contrato de préstamo, documentado, y, en su caso, con intereses. Las cuentas corrientes -bancarias y contables- deben estar claramente identificadas y separadas, yendo más allá de dejar un trozo de papel firmado (a veces ni eso) en la caja física.

En general, cualquier operación que transciende a lo particular debería estar muy documentada y siempre con transparencia para el resto de socios. Además, la empresa debería disponer de procedimientos internos a aplicar en este tipo de casos, y siempre por anticipado, es decir, no dejar, por ejemplo, para el momento del cierre contable o la presentación del impuesto de sociedades el hecho de arreglar o regularizar este tipo de situaciones.

Resumiendo mucho, yo diría que los socios y quienes ellos quieran y decidan de forma clara, puedan disfrutar de un retorno de sus empresas (dividendos, salarios, préstamos, retribuciones en especie, etc.), aunque todo se puede hacer bien documentado y eludiendo riesgos de confusiones que son origen de malentendidos por parte de terceros (incluida la agencia tributaria). La separación de las cajas (particular y de la empresa), tanto en el aspecto físico como en el virtual, ayudará mucho a una buena gestión y es, para mí, condición necesaria. Como siempre, déjense ayudar y aconsejar si no lo tienen claro.

Sobre el autor

Tribuna abierta a la visión de los principales actores del sector del transporte

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