Firma invitada

| Seguir adelante | -

Por Manuel Perezcarro Martín, secretario general de Froet.

Seguir adelante
Seguir adelante

Con el precio del gasóleo a 1,80 euros el litro, más del 30 por ciento de lo que costaba en el mes de enero, y considerando que la ayuda del Gobierno no llega a cubrir ni el cincuenta por ciento de la subida experimentada al día de hoy, no es de extrañar que las empresas de transporte estén sufriendo lo indecible, no para ganar, sino para perder lo menos posible.

Tiene narices que, en esta situación, algunos clientes se hayan apresurado a decirle al transportista que la bonificación recibida del Gobierno en el precio del combustible, debe reflejarse en una bajada de los precios del transporte.

Si hemos llegado a esta situación es porque el transportista lleva muchos años aceptando los deseos del cliente sin rechistar

Es decir, pretenden que sean ellos, en lugar del transportista, los beneficiarios de estas ayudas. Hay que tener la cara de cemento armado.

Pero, si hemos llegado a esta situación es porque el transportista lleva muchos años aceptando los deseos del cliente sin rechistar, pensando quizás que si no lo hace él lo hará otro. Y a lo mejor es así, pero esto se debe cambiar.

Comprendo que es una situación difícil en un sector tan atomizado y donde la oferta de transportes es mayor que la demanda. Seguro que si sobraran viajes el comportamiento no sería el mismo. Pero el deseo de hacer una empresa más grande para ser más competitivo, aumentando flota primero e ir a buscar el trabajo después, siempre ha resultado ser un mal negocio.

Los clientes se captan en un noventa por ciento, rebajando el precio del transporte que hasta ahora tenía ese cliente, desplazando de esa manera al competidor que venía prestando esos servicios y éste, a su vez, tiene que hacer lo mismo para cubrir el hueco que ha dejado el cliente que ha perdido.

En fin, una verdadera locura que parece no tener fin.

Al final, la empresa se da cuenta de que no gana dinero con ese cliente y, entonces, recurre a la subcontratación de empresas más pequeñas o transportistas autónomos a los que el precio del transporte no les llega a cubrir sus costes.

Con esto, no quiero culpar a las empresas grandes, porque los pequeños transportistas tienen exactamente el mismo comportamiento. El que accede al sector con un camión que el mismo conduce, tiene la legítima aspiración de poder bajarse del camión algún día y tener una pequeña empresa de varios camiones y, para conseguirlo, en la mayoría de los casos, sigue el mismo procedimiento, es decir, eliminar al competidor por precio.

Esta situación endiablada finalmente acaba reventando y es lo que hemos visto con el paro sufrido hace escasamente un mes. Ha sido el paro de la desesperación.

Ello nos debe hacer reflexionar. Se debe acabar con este mal endémico que padece el sector del transporte. Está bien que se pidan a la Administración medidas que ayuden al sector a mejorar su situación, pero nunca serán suficientes si el propio sector no cambia de actitud y empieza a defender su negocio, no a base de reducir sus ya escuálidos márgenes y adaptarse a las condiciones que le exige el cliente sin contrapartida alguna, sino atendiendo las necesidades de su cliente lo mejor posible pero cobrando un precio justo por ello y no admitiendo los abusos a los que se le ha acostumbrado.

A pesar de todo, y con este espíritu, hay que seguir adelante con nuestros negocios, aprendiendo de nuestros errores y adquiriendo, en muchos casos, la formación que necesitamos para saberlos defender.

Sobre el autor

Tribuna abierta a la visión de los principales actores del sector del transporte

Lo más

Cerrar

Inicia sesión con email

He olvidado mi contraseña