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| ¿Luz de gas? | -

La brutal subida del gas natural vehicular llega a poner en riesgo la viabilidad de algunas empresas de transporte.

¿Luz de gas?
¿Luz de gas?

Seguro que al lector le suena eso del “precio mayorista del Megavatio-hora”, en relación al coste de la  energía eléctrica. Pues bien, en el mundillo del transporte por carretera también se aplica y no hace falta  que el camión sea eléctrico, no. El GNV (gas natural vehicular) también se vende con esa referencia y resulta que lo que hace un año costaba cada MW.hora de gas natural ha llegado a multiplicarse por diez y, en consecuencia, el precio del kilo de GN en surtidor ha subido un 100% en enero respecto a diciembre. Lo peor es que todo apunta a que el coste mayorista de este combustible se mantendrá entre cinco y siete veces más caro que al inicio de 2021, al menos hasta bien entrado este año.

Los transportistas que, como verdaderos pioneros, se fueron decantado por utilizar camiones movidos por gas natural -algunos desde hace más de una década- se ven ahora en la tesitura de tener que parar la operación de ese tipo de vehículos si no quieren perder dinero en cada km recorrido. En algunos casos esto supone, en la práctica, poner a riesgo que la empresa pueda superar “con vida” siquiera estos primeros meses del año. Sucede todo ello, además, cuando hasta la propia Comisión Europea ha rectificado su posición inicial y considera recomendable ahora que tanto la energía nuclear como el GN sean válidas alternativas en el proceso de neutralidad en emisiones de CO2 que ha emprendido la U.E.; algo con lo que no parece estar de acuerdo el Gobierno español, a pesar de que sus ventajas medioambientales son indiscutibles: el gas natural vehicular reduce las emisiones de óxidos de nitrógeno en un 85%; del CO2, hasta en un 25%; y elimina las emisiones de azufre y partículas.

A nuestro sector se le está constantemente presionando para que sea más sostenible, a pesar de que el transporte pesado de mercancías por carretera “solo” representa el 4,5% de las emisiones de gases de efecto invernadero provenientes de la actividad humana en la Unión Europea. Hace años, numerosas empresas con las que tengo contacto directo por ser afiliadas de ASTIC, decidieron apostar por el gas natural para reducir su huella ambiental -en realidad no hay otra alternativa viable, hoy por hoy, al gasóleo que el gas natural en camiones- y ahora se topan con una inasumible subida de costes que tira por la borda todas sus inversiones. Recordemos que los vehículos GNL tienen un coste total de amortización casi un 60% superior al del equivalente diésel.

Por este motivo, hemos enviado una carta a la actual ministra del ramo, la Sra. Raquel Sánchez, para explicarle la gravísima situación que atraviesan las empresas de transporte terrestre, tanto de viajeros como de mercancías, y, sobre todo, para solicitarle medidas apremiantes para no dejar tiradas precisamente a las empresas pioneras y vanguardistas en la descarbonización de nuestro sector. Si no se visibilizan acciones relevantes en favor de estas empresas, se estará emitiendo un mensaje muy claro al empresariado de nuestro sector: las innovaciones energéticas, mejor que las pruebe otro. Lo cual puede convertirse en una barrera casi infranqueable cuando hay que impulsar otras alternativas como el hidrógeno o las baterías, por no citar el propio GN, en aras de los compromisos de reducción de emisiones de CO2 que tenemos marcados.

"Si no se visibilizan acciones relevantes en favor de estas empresas, se estará emitiendo un mensaje muy claro al empresariado de nuestro sector: las innovaciones energéticas, mejor que las pruebe otro"

Hoy toca actuar para incentivar y no hacerlo equivaldrá a disuadir a propios y extraños de cualquier  tentativa de inversión en energías alternativas al gasóleo, hoy y en el futuro.

Porque “llueve sobre mojado” en el caso del gas natural vehicular: a la coyuntura actual que acabo de exponer se le suma la decisión de nuestro Gobierno de no incluir a los camiones movidos por esta energía en el Decreto del pasado noviembre de ayudas para la renovación de las flotas de transporte de mercancías y viajeros, dotado con un presupuesto inicial de 174 millones ampliables hasta 400 millones.

Dejaron fuera la posibilidad de comprar camiones a gas con estas ayudas. Autobuses a gas, sí; pero camiones a gas, no. Desde luego, a la hora de tomar decisiones de inversión en la renovación de los camiones, no parece que el GN pueda seguir siendo atractivo si no se ataja desde ya la ola de desconfianza que esta situación puede desatar entre las empresas, si el hecho de ser pioneros en utilizar la única alternativa “verde” realmente disponible, acaba traduciéndose en ruina económica para ellas mientras quien mayor hincapié ha puesto en la descarbonización, es decir las Administraciones Públicas, se lavan las manos y les hacen luz de gas.

Sobre el autor

Ramón Valdivia es vicepresidente ejecutivo de Astic, miembro del Comité Ejecutivo de Presidencia de la Unión Internacional de Transporte por Carretera (IRU) y vocal de la Junta de Gobierno de la CEOE. Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, fue director general de Iveco entre 2005 y 2011, además de otras responsabilidades profesionales.

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