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| ¿Dónde quedan ya los repetidos aplausos? | -

Las empresas transportistas de mercancías por carretera no figuran entre los posibles beneficiarios de ayudas directas (hayan o no sufrido ese umbral en caída de facturación).

¿Dónde quedan ya los repetidos aplausos?
¿Dónde quedan ya los repetidos aplausos?

Hace pocos días leía el listado de acuerdos alcanzados por el Consejo de Ministros extraordinario celebrado para dar cumplimiento al anuncio realizado por Pedro Sánchez semanas antes en sede parlamentaria sobre los famosos 11.000 millones de euros de ayudas directas a las empresas afectadas por los embates de las restricciones a la actividad impuestas para combatir la expansión de la Covid-19. Entre ellos, uno me llamó especialmente la atención, porque afecta y, de qué manera, al sector al que pertenezco.

El Gobierno anunciaba, vía Real Decreto Ley, las cuantías y requisitos para acceder a los fondos destinados a empresas encuadradas en sectores concretos que hubiesen sufrido en 2020 al menos un 30% de caída en su facturación respecto a 2019. Con gran perplejidad pude comprobar que las empresas transportistas de mercancías por carretera no figuran entre los posibles beneficiarios de esas ayudas (hayan o no sufrido ese umbral en caída de facturación) en cambio sí pueden hacerlo las encuadradas en el epígrafe “Actividades anexas al transporte terrestre”. He usado la palabra perplejidad pero seguramente sería otra expresión la que mejor encajase aquí...

REDUCCIÓN MEDIA DE ACTIVIDAD DEL 12%

¿Dónde quedan ya los repetidos aplausos y las florituras verbales y halagos desde los escaños y las alcachofas mediáticas? Si no hay rectificación gubernamental, las empresas de este sector tan esencial no recibirán ni un céntimo de esos miles de millones de euros. El conjunto del sector ha visto mermada su actividad en un 12% de media en 2020 - más de uno se le olvida la hemorragia económica de la emergencia sanitaria en el sector el pasado ejercicio fiscal: según la IRU, en España más de 5.000 millones de euros, un 17% del volumen de negocio -.

Pero dentro de esa media, sí que existen empresas que han sufrido caídas de más del 30% en su facturación, que es el requisito de pérdida de actividad que hay que demostrar para poder acceder a los 7.000 millones de euros de ayudas directas o a los 3.000 millones de euros destinados a reestructurar la deuda. Cierto que seguramente no sean muchas las empresas que lo han registrado, pero con más razón para no excluir al sector, ni siquiera serían montantes desequilibrantes para las arcas públicas, en cambio sí es desequilibrante para los integrantes de este tejido empresarial el ver, una vez más, como se agranda el divorcio entre los que nos dicen y lo que nos hacen.

Llueve sobre mojado. Por citar una muestra más de este ninguneo repetitivo de los poderes públicos hacia el transporte de mercancías por carretera con medio millón de empleos directos en sus filas, no ha sido encuadrado entre los que por ser sus trabajadores “esenciales” reciben preferencia en el plan nacional de vacunación. Nos hemos cansado de oír en boca de tanta gente dentro y fuera de la Administración, que los conductores profesionales realizan una labor esencial para la ciudadanía y la economía de España. Así lo cree firmemente cerca del 90% de las empresas del sector sondeadas por Astic en su última encuesta. Pero a la hora de los hechos, nos han dejado fuera de nuevo.

Quiero también ofrecer otro dato de la mordedura del virus en el sector. En el primer aniversario del Estado de Alarma, el 85% de las principales empresas internacionales de transporte de mercancías por carretera de España se ha visto afectado por “positivos” en test Covid -con cuarentena obligada- o por bajas derivadas de la enfermedad en una media del 5% de sus conductores.

Como sociedad, no nos podemos permitir prescindir de la labor de los transportistas, ni tampoco de la Policía, Guardia Civil, o de los médicos, enfermeras, celadores…, pues todos ellos deben seguir prestando su servicio y, por ello creo que, pese a que los conductores no sean particularmente susceptibles de contagiarse o de transmitir la enfermedad, debemos protegerlos para garantizar que esa misión esencial que ejecutan sobre el asfalto todos los días esté respaldada plenamente.

Se pregunta uno si sin transportistas se podría realizar la conexión entre los centros de altísimo nivel científico e industrial que tanto han invertido para idear y fabricar en tiempo récord las vacunas y los millones de ciudadanos que la recibirán de manos de otro inmenso conjunto de profesionales sanitarios en miles de centros de salud. Enormes inversiones de recursos técnicos y humanos quedarían inservibles sin la labor de los transportistas de carretera. No se merecen que se les vuelva a dejar en el olvido.

Sobre el autor

Ramón Valdivia es director general de Astic, miembro de la Comisión de Finanzas de la IRU y vocal de la Junta de Gobierno de la CEOE. Ingeniero Industrial por la Universidad Politécnica de Madrid, fue director general de Iveco entre 2005 y 2011, además de otras responsabilidades profesionales.

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