En el Foro Empresarial del Transporte por Carretera, que acabamos de celebrar en el marco de nuestra XLIX Asamblea General, se ha subrayado una idea importante, la de que los sectores estratégicos, como es el transporte por carretera, no pueden ser meros espectadores de los debates que moldean su futuro; estamos llamados a ir más allá de la eficacia empresarial y a asumir un papel protagonista en la conversación pública, en un mundo cada vez más complejo y atravesado por miles de regulaciones. Lo cierto es que en Astic llevamos años reforzando la presencia e influencia de nuestras empresas tanto en las instituciones europeas como en las nacionales. Nuestra labor de representación, interlocución y comunicación responde a la convicción de que esas empresas deben tener una voz propia y reconocible en el debate económico.
Esta misma idea estuvo muy presente en la conferencia inaugural de nuestro foro, que corrió a cargo de Iván Espinosa de los Monteros, presidente de Atenea. En su aplaudida intervención ante el empresariado y los medios que acudieron a nuestra cita, subrayó que resulta difícil comprender que una actividad por la que pasa casi el 100% de las mercancías que se mueven en España tenga una visibilidad pública tan inferior a su relevancia económica y social.
La cadena de suministro funciona y, precisamente porque funciona, pasa desapercibida"
El transporte por carretera ha sido víctima, me atrevo a decir, de su propia eficiencia. Los bienes llegan a su destino, los supermercados permanecen abastecidos, las industrias y las granjas reciben sus suministros y las exportaciones españolas alcanzan mercados internacionales. La cadena de suministro funciona y, precisamente porque funciona, pasa desapercibida. Sin embargo, basta una interrupción para comprobar hasta qué punto nuestra economía depende de ella.
El exdiputado puso también el foco sobre una percepción compartida, porque somos muchos los que detectamos una tendencia a considerar el transporte como un problema, incluso como un mal necesario que debe regularse y limitarse, en claro contraste con la realidad, ya que constituye un activo estratégico merecedor, donde los haya, de ser protegido y fortalecido.
El lector de Ruta de Transporte conoce los desafíos que afronta nuestro sector, pero el verdadero debate no reside tanto en identificarlos como en decidir cómo afrontarlos. Conviene recordar que muchas de estas cuestiones dependen de decisiones políticas y regulatorias que pueden —y deben— abordarse con diálogo, rigor y realismo económico. Nuestro sector está comprometido con la reducción de su huella ambiental y con la anulación de la accidentalidad, así como con desterrar las malas prácticas y la competencia desleal basada en ellas; pero no habrá transporte sostenible desde el punto de vista ecológico ni social si, al mismo tiempo, no se garantiza la continuidad y la fortaleza de las empresas que lo hacen posible cada día.
En este sentido, la intervención posterior del socio de KPMG Cándido Pérez, aportó una valiosa perspectiva sobre la evolución del marco regulatorio europeo, un proceso que está redefiniendo las condiciones en las que operan sectores como el transporte. Su análisis puso de manifiesto que las instituciones comunitarias empiezan a buscar un mayor equilibrio entre ambición normativa y competitividad empresarial, sobre todo a raíz de los informes Draghi y Letta de 2024. Un ejemplo ilustrativo es la revisión de la Directiva sobre Información de Sostenibilidad Corporativa, la CSRD, que reducirá hasta en un 90% el número de empresas obligadas a reportar. Se trata de un ajuste que permitirá concentrar los esfuerzos regulatorios allí donde realmente generen valor, evitando cargas administrativas desproporcionadas para miles de compañías. Este cambio de enfoque es especialmente relevante para el transporte por carretera, porque durante los últimos años muchas empresas han tenido que afrontar simultáneamente nuevas exigencias medioambientales, fiscales, laborales y tecnológicas. Cuando desde esta patronal clamamos por "simplificar" no tratamos de rebajar objetivos, sino de hacerlos compatibles con la capacidad de adaptación e inversión de las compañías.
El transporte por carretera, que ya es imprescindible para la economía, debe serlo también en el debate público. "Un sector en marcha" no es solo el lema de nuestra XLIX Asamblea General, sino la expresión de un sector estratégico, preparado para efectuar su transformación y también para hacer oír su voz en las decisiones que marcarán su futuro.