Los combustibles renovables se han convertido en una "alternativa para reducir emisiones en el transporte pesado, la aviación o el transporte marítimo", sectores difíciles de electrificar, "contribuyendo a diversificar las opciones para la descarbonización".
Así lo defiende la Fundación Repsol en un artículo firmado por Tamara Galindo Castro, gerente de combustibles renovables, en el que recuerda que éstos se producen a partir de residuos orgánicos —como aceites de cocina usados o restos agrícolas y forestales— en lugar de recursos fósiles. "Gracias a su origen, permiten reducir de forma significativa las emisiones netas de CO₂ en comparación con los combustibles tradicionales, aprovechando el carbono previamente absorbido en el ciclo natural de la materia prima", subraya.
A este respecto, incide en que dichas fuentes de energía pueden utilizarse en los motores e infraestructuras actuales "sin necesidad de modificaciones, lo que facilita su implantación inmediata".
Existen distintos tipos de combustibles renovables. Entre ellos se encuentran los biocombustibles avanzados, elaborados a partir de residuos, y los combustibles sintéticos o e-fuels, producidos mediante la combinación de hidrógeno renovable y CO₂ capturado. "Ambos comparten el objetivo de reducir la huella de carbono del transporte y apoyar un modelo energético más sostenible y circular, complementando otras soluciones tecnológicas en el camino hacia la neutralidad climática", explica.
ASIGNATURA PENDIENTE: UN MARCO REGULATORIO ESTABLE
Asimismo, señala que el desarrollo industrial de estos productos en España "contribuye a una mayor autonomía energética al diversificar fuentes de suministro y reducir la dependencia exterior". Sin embargo, aún quedan pasos que dar, especialmente desde un punto de vista regulatorio, tal y como defienden compañías industriales, energéticas y del sector automovilístico como Bosch, Air Liquide, Enerkem, Repsol, Raízen, BMW Group, Navantia o Técnicas Reunidas.
En un manifiesto conjunto, estas organizaciones solicitan marcos regulatorios estables y previsibles, por ser esenciales para planificar inversiones industriales que requieren años de desarrollo.
Además, subrayan la importancia de una fiscalidad alineada con la reducción real de emisiones de CO2, basada en la intensidad de carbono medida en todo el ciclo de vida.
En conjunto, el manifiesto plantea que solo con un marco claro, estable y justo será posible atraer la inversión necesaria, acelerar la producción y garantizar que los combustibles renovables contribuyan de forma efectiva a los objetivos climáticos.
Este impulso internacional se complementa, entre otros, con el trabajo de la Plataforma para los Combustibles Renovables y la Asociación Crecemos, que en España y Europa promueve el reconocimiento del papel de estos combustibles y la creación de instrumentos regulatorios que permitan desplegarlos con mayor rapidez y competitividad.
"Estamos, en definitiva, ante una alternativa para avanzar sin alterar vehículos, flotas ni infraestructuras. Su desarrollo tecnológico, su integración en diferentes formas de movilidad y su capacidad para impulsar industria y empleo los sitúan como una pieza clave dentro del conjunto de soluciones necesarias para avanzar hacia un transporte más competitivo", concluye Galindo.