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El transporte, chivo expiatorio de conflictos ajenos

"Cada corte de carretera, cada tractor atravesado en un paso fronterizo, cada palé volcado en el asfalto no son simples actos de reivindicación; son sabotajes", reflexiona Ramón Valdivia, vicepresidente ejecutivo de Astic.

Publicado: 13/01/2026 ·13:40
Actualizado: 13/01/2026 · 13:44
  • Retenciones en la frontera con Francia, en Irún. -

Las protestas de agricultores y ganaderos en territorio nacional y galo han vuelto a poner en jaque al transporte internacional por carretera, un sector absolutamente estratégico para la economía española y europea que, una vez más, se convierte en víctima colateral de conflictos que le son ajenos. Cada corte de carretera, cada tractor atravesado en un paso fronterizo, cada palé volcado en el asfalto no son simples actos de reivindicación; son sabotajes directos al funcionamiento de la economía, una amenaza para la seguridad de los conductores profesionales y una factura millonaria que, irónicamente, termina pagando el propio sector que dice defenderse.

La frontera con Francia no es un escenario cualquiera: es la principal puerta de entrada de nuestras mercancías al continente europeo. Miles de camiones cruzan a diario este eje vital y, con ello, contribuyen a sostener nuestra competitividad, la española y la europea, con Francia incluida. Ese país es el primer destino de las mercancías españolas enviadas por carretera junto a Alemania, Italia, Países Bajos y un largo etcétera. Interrumpir este flujo no es un problema local ni sectorial; es un golpe directo al comercio internacional, a la industria y al propio sector agropecuario, como también, claro está al funcionamiento del mercado único europeo. Y, sin embargo, año tras año, década tras década, nos encontramos con que estas rutas estratégicas se ven convertidas en improvisadas plazas de protesta. Un caos en las carreteras que, tristemente, se ha vuelto demasiado familiar; un clásico que nadie parece dispuesto a arreglar.

Desde 1979, la "tractorada" se ha convertido en un ritual, en una herramienta de presión que históricamente ha tenido un efecto simbólico, pero que hoy destruye literalmente cadenas de suministro

Las movilizaciones del sector primario con bloqueo de carreteras son un fenómeno recurrente desde 1979, cuando durante la Transición democrática miles de agricultores tomaron las carreteras con tractores para exigir precios justos y mejores condiciones. Desde entonces, la "tractorada" se ha convertido en un ritual, en una herramienta de presión que históricamente ha tenido un efecto simbólico, pero que hoy destruye literalmente cadenas de suministro, arruina vocaciones de conductor y pone en jaque la economía de empresas enteras. Y, en esta ocasión, el motivo resulta especialmente paradójico: protestar contra el tratado comercial de la UE con los países del Mercosur, cuando son precisamente los camiones los que llevan los productos que se necesitan en las granjas y los que les permiten vender su producción a clientes de toda Europa. En otras palabras, bloquear carreteras equivale a dispararse en el propio pie.

Para rematar la escena, el Gobierno vasco ha decidido prohibir la circulación de vehículos pesados transfronterizos de más de 7,5 toneladas por sus carreteras, como si restringir aún más el tránsito fuera a solucionar este conflicto. Es difícil no percibir aquí un gesto tan inútil como irónico: se castiga a quienes cumplen la ley y sostienen la economía mientras los responsables del bloqueo permanecen impunes.

Una vez más, las autoridades francesas y españolas fallan estrepitosamente en su obligación de garantizar el derecho a la libre circulación. En lugar de mantener abiertas las rutas internacionales y proteger a los transportistas, se opta por disuadirlos, desviarlos o detenerlos, con agentes en peajes recomendando que "mejor se queden quietos" hasta que la protesta termine. Es un sinsentido absoluto. Ni el Gobierno español ni el francés parecen dispuestos a asumir su responsabilidad, y mientras tanto, conductores atrapados en sus camiones, productos arruinados y empresas españolas pagando los platos rotos se convierten en la norma.

Basta de este ciclo absurdo. Basta de interrupciones constantes. Basta de inseguridad para los conductores profesionales. Basta de convertir al transporte internacional en rehén de conflictos que deberían resolverse con diálogo y acción política, y no con barricadas en carreteras estratégicas. Porque sin transporte no hay economía, no hay mercado único y, simple y llanamente, no hay Europa.

Listas de difusión de Ruta del Transporte

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